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Archive for the ‘textos’ Category

Julieta

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Posar sobre la punta de la lengua una minúscula gota de miel y notar la explosión en mis papilas.

Deslizar las yemas de los dedos sobre la piel erizada mientras hablo de cosas imposibles.

Deleitarme en el hechizo del eco de un aleteo de mariposas azules en el interior.

Observar con ávidos ojos hambrientos de luz tu atenta mirada, penetrar en tu mente y lamer tus pensamientos que planean como la brisa en una húmeda mañana de octubre.

Dibujar en mi cuello espirales sin sentido al añorar el color de tus mejillas y el sonido de tu voz tan lejana como firme.

Colocar con cuidado la flor en el secante de un libro para encontrarla al leer el pasaje correcto.

Dibujar en la arena caminos que llevan hacia tí con los dedos de los pies, rutas difuminadas por la espuma de un mar descarnado.

Beber del licor de cicuta que repliega mis párpados… y me sumerge en la vida eterna, el bálsamo de tu abrazo.

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Written by mlhierro

octubre 12, 2010 at 10:37 pm

Retratos

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Maldito sea el poeta que tan sólo encuentra paz en cristales sucios

Que arrastra al lector con retales de alma manchada,

cortantes versos, oscuridad y culpa

Que engalana personajes ficticios con sus propios errores

y pone en boca de otros los verbos que a él le descubren

[Secretos en carne viva. Proyecta  para poder ver]

Que limpia su alma al ensuciar la de otros.

Maldito sea.

 

Bendito el que abre los ojos al inocente,

normalizando la sangre, el odio, la vergüenza…

Que esculpe proyectos con manos callosas

y trata de enyesar su pena con crudas palabras

Que con su texto impone la incómoda y necesaria reflexión

Desnudo ante la jauría impaciente

mostrando mucho más de lo que ansía

Tan capaz de ver destellos en los parajes más negros

 

Written by mlhierro

octubre 4, 2010 at 5:21 pm

Publicado en Literatura, textos

Cenicienta

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Cenicienta atravesaba el párking descalza mirando la hora. Los pies sucios y el pulso acelerado. Una bomba de relojería. Había que parar.

Se apoyó en una columna maldiciendo a tantos coches que habían redondeado sus  esquinas a sabiendas de que era ella quien había permanecido inerte.

Despertó en la soledad de una sucia pensión revestida de polvo e insectos y al entrar al servicio dio con su imagen en el espejo. Escalofrio. La opacidad de su rostro, turbio… Nunca pudo imaginar las consecuencias. Y el hormigueo trepó por su espalda desnuda. ¿Acaso es él el que me devuelve esta imagen? ¿Será el cristal el culpable? Desde luego, parecía que no lo habían limpiado en mucho tiempo.

Las ventanas mojadas le informaban del chaparrón que caía fuera. Algo más en común, pensó, con los ojos vidriosos. No recordaba si de pequeña le decían de esconderse bajo un árbol durante el temporal, o si por el contrario era mejor mantenerse expuesta.

Envidiaba a las brujas, que permanecían desnudas en medio de la nada con los brazos en alto desafiando a los diluvios más violentos dado que ellas sí se atrevían a devolver sus amenazas. No temían abandonarse a la intemperie, aun a riesgo de que un rayo las partiera en dos.

Cenicienta decidió volver a la cama, se tumbó boca arriba sin taparse y repentinamente se armó de valor. Corrió dejando atrás las llaves y un portazo. Y ahí está, sentada en el bordillo con la mirada fija y un vestido de barro, esperando paciente que la tormenta pase.


Written by mlhierro

septiembre 29, 2010 at 10:47 pm

Bien-venidos

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Olor a madera,incienso,flores secas
muros astillados, vigas

Gruesas mantas. Dos copas de vino

Restos de brasa en la chimenea de piedra
que vigila afable desde el fondo del salón

Tonos pardos, ocres y cetrinos
besan suave cada rincón de esa casa

Y la indulgente alfombra que guarda el secreto
de la densa trayectoria de cuantos pies conoce

Desafiando el orden lógico del tiempo
libros viejos, centinelas de vida

Y generosos ventanales prometen resguardo
ante la más impetuosa de las tormentas

Con ley de indulgente madre la antigua bañera,
dispuesta a limpiar los pecados del dia a dia

Y la alcoba augura paz, el mayor descanso
de quienes quieren hacer de esbozos…


…Realidades Compartidas.


Written by mlhierro

septiembre 24, 2010 at 9:05 pm

Publicado en textos

Amo

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Lames mis heridas con el cuidado del lobo.
Arañas mi corazón despacio para dejar la esencia
limpiando lo irreal, lo innecesario
y te abrazo con el pecho abierto de par en par
por mucho que pase el tiempo
No puedo soltar tu mano, ya no puedo soltar tu mano
Vuelve a coser mi alma a tus ojos con hilos de bronce
Y acaricia una vez más los surcos
que dejaron las lágrimas en mi mejilla

Written by mlhierro

septiembre 19, 2010 at 1:18 pm

Publicado en textos

Siempre queda alguna lata de bordes cortantes abierta en el frigorífico.

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Y escucho que Junio por fin ha traido el verano a toda España, pero de su boca sólo sale vaho.

A ella la garganta le duele de vomitar con tanto esfuerzo hilos de alambre. Los mismos que le rajaron por dentro por idiota. Por no escupirlos entonces.

Concluye que la esperanza y la estupidez están separadas por una línea muy fina. Concluye que la primavera no siempre huele a flores, jabón y sexo.

Siempre queda alguna lata de bordes cortantes abierta en el frigorífico.

Written by mlhierro

junio 2, 2010 at 8:33 am

Cuando soñé que te morías

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Le enterraron en Tres Cantos, en ese cementerio que parece un vivero. Donde  las tumbas están recubiertas de helechos, musgo y enredadera, con esos techos de cristal (Mala idea, pensé, porque con mis lágrimas podría haber hecho efecto lupa y haber salido ardiendo. Contigo.) Las visitas, privadas. A uno le llamaban por su nombre y apellidos para poder realizar la despedida de rigor y a pesar de ese orden fúnebre aquello estaba de par en par. Hasta unos Boy Scouts escuchaban las instrucciones de su monitor sentados en la escalera, con los ojos como platos.

Pero ellos no estaban más sorprendidos que yo. Me dieron la noticia como quien no quiere la cosa en ese piso gris que era mi oficina y mis dos compañeros parecieron no inmutarse. Quizá no esperaban reacción por mi parte, pero sí parecieron mirar de reojo ante mi llanto y mis prisas por recuperar las fotos de su portátil antes de que pasara a ser de otro (Lo robé, por cierto). Y después corrí a su encuentro, y me perdí con el coche, pero algún conocido suyo supo decirme dónde estaba. Es que las pesadillas están llenas de casualidades.

Qué buen día hacía. Entraban por las cristaleras los rayos de un sol que abrasaba y la sensación se volvía curiosa con esas lágrimas gigantes que se deslizaban por mi cuerpo y dejaban rastros de azucar. Siempre dulce, como cuando dos personas se despiden “hasta mañana”, pero se miran sabiendo que no van a volver a verse aunque duden de sus intenciones. Siempre dulce, como morirse en un día de sol.

Written by mlhierro

marzo 25, 2010 at 1:04 pm